Psicología militar: conceptualización e investigaciones contemporáneas

  Oscar Loaiza¹, Jose Luis Posada²
  ¹Corporación Universitaria Uniminuto, ²Fundación Universitaria Los Libertadores
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Loaiza, O., & Posada, J. L. (2016). Psicología militar: conceptualización e investigaciones contemporáneas. PSIENCIA. Revista Latinoamericana de Ciencia Psicológica, 8, doi: 10.5872/psiencia/8.2.71

Resumen

Resumen

El presente artículo busca en primer lugar especificar el concepto de psicología militar para esto se realiza un recorrido por sus distintas características, sus antecedentes históricos y sus diversos ámbitos de aplicación. Posteriormente se trata de ofrecer una perspectiva general de algunos estudios contemporáneos alrededor de la psicología militar a través de distintos artículos de investigación producidos durante las dos últimas décadas, esto con el objetivo de tener una visión de lo que actualmente se investiga en el contexto de la psicología militar; esta revisión se hace con base en cuatro categorías temáticas desde las cuales se informará sobre la evidencia investigativa: área clínica, área de selección de personal, área de formación e investigación y área operativa. Por último a manera de conclusión se da cuenta de la importancia de la psicología militar y del desarrollo que esta ha tenido.

Palabras Clave: Psicología militar, Clínica, Selección, Investigación, Área operativa

 

 

Introducción

Introducción

Se puede afirmar que el contexto militar es un entorno complejo debido a diversos factores, en especial los relacionados a su rígida estructura jerárquica, a la presencia de un conjunto de valores y normas éticas que actúan como guías de conducta, a la idiosincrasia de las tareas y funciones que realizan los militares, a la preponderancia de los fenómenos y procesos sociales como el liderazgo, cohesión; entre otros. Para Nuciari (2006) el ámbito militar puede considerarse como un conjunto de conductas, reglas, normas y valores, que se coordinan alrededor de metas (ofensivas y/o defensivas) definidas por la sociedad en la que se desarrolla; al respecto Soeters, Winslow y Weibull (2006) señalan que inclusive más que un contexto se puede hablar de una cultura militar dentro de la cual cohabitan distintas subculturas en los varios tipos de organizaciones militares que existen: armada, fuerza aérea, ejército, y policía; para estos autores las organizaciones militares como instituciones representan una cultura formal aprendida, en donde se comparten significados, ideas y símbolos específicos y en donde prima la vida en común, lo jerárquico, el control y lo disciplinario.

La psicología no ha sido ajena al análisis de este contexto tan particular, dando como resultado diversos estudios alrededor de lo que se conoce hoy como psicología militar. En este sentido el propósito del presente artículo es por un lado caracterizar el concepto de psicología militar con el fin de tener una idea clara del mismo, y por otro hacer una revisión general de distintas publicaciones de las últimas décadas para así tener una idea más clara de la investigación psicológica contemporánea en el contexto militar; al respecto señalan Caforio y Nuciari (2006) que el escenario militar es un contexto difícil para realizar estudios propios de las ciencias humanas, debido a que brinda mucha y diversa información pero al mismo tiempo es restrictiva en cuanto al investigador, los temas, las metodologías, la recolección y análisis de datos, la publicación de resultados y el estigma de legitimación de las fuerzas militares.

Otro factor importante a la hora de hablar sobre estudios en ámbitos militares, es el hecho que este contexto, al igual que otros contextos institucionales, está sujeto a cambios inherentes al paso del tiempo. Es así que los primeros trabajos sociológicos en el contexto militar fueron de Shils y Janowitz en 1948 citados por Nuciari (2006) y giraban alrededor de temas como la naturaleza de las relaciones de grupo, la conducta de los oficiales, los patrones organizacionales, la ideología, la disciplina y los valores militares. Con el paso del tiempo se ha pasado de estos temas a centrar la atención en aspectos diversos como el carácter de las guerras (físicas, frías. nucleares, etc.), las estructuras militares, los desarrollos tecnológicos, la actitud de la opinión pública, las relaciones mediáticas, la injerencia política, el aumento de civiles trabajando en el contexto militar, el aumento de la participación de las mujeres en el ejército, la aceptación de la incorporación de homosexuales, la objeción de conciencia, etc.

Psicología militar

Psicología militar

La psicología militar es una de las 53 divisiones activas de la Asociación Americana de Psicología (APA), específicamente corresponde a la división número 19, Peña (2006). Esta división alienta la investigación y la aplicación de aspectos psicológicos en problemas militares y sus miembros se desempeñan en distintos escenarios como investigación, gestión de recursos humanos, servicios de salud mental, enseñanza y consultoría, Society for Military Psychology (2015).

Para Laurence y Matthews (2012) la psicología militar representa la concatenación de las diversas especialidades y subcontextos de la psicología dentro del ámbito militar, en donde se asume que la psicología militar contribuye al reclutamiento, entrenamiento, socialización, selección, despliegue, motivación, remuneración, mantenimiento, gestión de personal, integración, retención, transición, apoyo, asesoramiento, y salud de los miembros de la comunidad militar agrupados en la psicología clínica, la organizacional, la experimental aplicada y la social principalmente. La importancia del creciente desarrollo de la psicología militar radica en el gran número de personas que se desenvuelve en este contexto, a lo que se podría añadir el hecho de que gran parte de las naciones cuentan con instituciones de carácter militar.

En su desarrollo, la psicología militar, como plantean Kennedy, Hacker y McNeil (2012), tiene una historia reciente pero una evolución acelerada. De acuerdo a estos autores los comienzos de la psicología militar pueden rastrearse en el contexto de la primera guerra mundial en donde los psicólogos Yerkes, Cattell, Watson, Thorndike, entre otros, fueron comisionados para determinar el rol que podría cumplir la psicología en aras de apoyar al ejército norteamericano; fue en esta época cuando se hizo la primera aplicación de pruebas psicológicas a gran escala para la selección de militares (Army alfa y beta). Posteriormente, en el contexto de la segunda guerra mundial se consolida la relación entre la psicología y el ámbito militar, tal como señalan Jiménez (1992), Summers (2008) y Hopewell (2013), es en esta fecha donde empieza a verse más específicamente el rol de la psicología dentro de lo militar y su aplicación en contextos como la observación, el desempeño, la selección, el entrenamiento, el ajuste a la vida militar, las relaciones sociales y la propaganda; además de esto comienzan a publicarse libros referentes a estas temáticas. De acuerdo a Donoso (2013) después de la Segunda Guerra Mundial y hasta la década de 1960 la psicología militar toma una orientación clínica en especial en lo referente al diagnóstico y el tratamiento de trastornos mentales Para Ibáñez, Díaz y Moreno (2005) tradicionalmente la psicología militar se ha ocupado de 3 grandes temas: propaganda, selección de personal y preparación para el combate, sin embargo puede afirmarse que hoy en día los estudios en psicología militar son tan variados como la misma disciplina psicológica, por ejemplo se pueden encontrar estudios relacionados con evaluación de oficiales, manejo del estrés, secuelas psicológicas de la actividad militar, prevención del suicidio, práctica neuropsicológica, abuso de sustancias, negociación en crisis, dilemas éticos, entre otros.

En cuanto al rol de los psicólogos militares, De Leon y Stone (2013) señalan que este puede ser como testigo experto, defensor, comunicador, entrenador, mentor y líder. Los psicólogos militares se desenvuelven en diversos escenarios aplicados como la prevención, el uso de tecnología, las intervenciones, las terapias de grupo, las psicoterapias breves, la salud mental, los cuidados primarios, entre otros; y trabajan con civiles, militares activos, militares retirados, militares en reserva, familia de los militares y comunidad en contacto con los militares, en diferentes contextos: batalla, instalaciones, clínicas y hogares. Para Eid, Lescreve, y Larsson (2012) el rol de los psicólogos militares ha cambiado en el curso de los años, en la década de los 70 su función era más orientada al liderazgo, el entrenamiento y la selección, con el paso del tiempo los psicólogos se involucraron en actividades de evaluación, asesoramiento y selección, no sólo de nuevos reclutas, sino de personal militar de mayor rango así como de los civiles que se desempeñan en estos contextos.

Con el fin de complementar las definiciones y conceptualizaciones de lo que significa la psicología militar, en este artículo se revisaron algunas investigaciones psicológicas relevantes en el contexto militar de las últimas dos décadas, las cuales debido a su amplitud y sus objetos de estudio, se clasificaron con base en las cuatro áreas de actividad en el contexto de la psicología militar propuestas por Adán (2012): Área de selección de personal, área de clínica, área de formación e investigación y área operativa.

Clínica

Área clínica

Por lo general los estudios de psicología militar en el área clínica metodológicamente giran alrededor de tres grandes tipos de muestras: oficiales activos, oficiales retirados y familias de oficiales, Baker (2013). Estos estudios se centran en la evaluación, la promoción y el uso de la psicoterapia, así como en tratamientos no tradicionales para el cuidado de la salud mental como lo son las terapias de grupo, las terapias de actitud, la economía de fichas, la rehabilitación psicosocial, etc; sin embargo como lo señala Jones (2013) a pesar que en el transcurso de la historia se ha prestado atención a la salud mental de los militares, aún falta desarrollar nuevos tipos de tratamiento dado las particularidades de los nuevos escenarios de conflicto.

En lo que respecta a estudios recientes con militares activos, se puede nombrar el de Schaubroeck y colaboradores (2011) quienes trabajaron con 648 oficiales de la armada de Estados Unidos en Iraq; estos autores encontraron que los eventos traumáticos vividos en la guerra pueden afectar a algunos militares en su adaptación, no sólo a la vida militar, sino también a otras esferas de funcionamiento en tiempos de paz; los investigadores concluyen que hay personas que se ven más afectadas por los eventos traumáticos vividos que otras, por lo que podría llegar a pensarse que existirían diferencias individuales para afrontar eventos traumáticos. En este sentido Bartone (1999) en un estudio con 787 oficiales de la armada estadounidense encontró que la correlación entre la exposición a eventos en contexto de guerra y el desarrollo de enfermedades físicas y mentales no es perfecta; pues una buena parte de los militares que vivieron dichas experiencias no mostraron efectos nocivos o síntomas de enfermedad en lo absoluto, este autor señala también que el hecho que algunos de los militares permanezcan sanos, sin síntomas o sin consecuencias nocivas a pesar de exponerse a ambientes de guerra radica en variables de personalidad como la resistencia; una persona con resistencia en el sentido de Bartone, es alguien con un alto sentido de compromiso con la vida, con el trabajo y con los proyectos que emprende, actitudes estas que se desarrollan temprano en la vida, de esta forma, la resistencia es un predictor de la salud en este tipo de poblaciones.

De las corrientes de investigación con población de militares resulta de gran relevancia aquellos estudios que están dedicados a indagar sobre los efectos psicológicos de participar en operaciones de despliegue militar de combate en conflictos con carácter internacional fuera del país de procedencia del soldado. Por ejemplo el estudio del Grupo de Estudio de Iowa y Golfo Pérsico -The Iowa Persian Gulf Study Group (1997) se propuso indagar sobre la prevalencia del autoreporte de síntomas y enfermedades en personal militar que participó en operaciones de despliegue en la guerra del Golfo Pérsico y compararla con la prevalencia de militares que no se desplegaron en esta confrontación bélica, provenientes del estado de Iowa en Estados Unidos. Encontraron que aquellas personas que estuvieron en operaciones de despliegue de esta guerra, presentaron una alta prevalencia de síntomas depresivos, disfunción cognitiva, estrés postraumático, ansiedad, alto consumo de alcohol, insatisfacción sexual y altas prevalencias en problemas de salud física, como fatiga, enfermedades del sistema respiratorio y fibromialgia. En general, se constató un mayor deterioro de la calidad de vida, de los que participaron en la guerra del golfo, comparado con los militares que no participaron.

Los estudios en despliegue militar en conflictos internacionales, no solo se orientan hacia los efectos en militares veteranos, varios años después de la confrontación, sino también con personal en periodos de tiempo recientes al combate, y con aquellos que estuvieron en presencia de fase aguda de combate. Gray, Bolton y Litz (2004) realizaron un estudio de diseño longitudinal, en el que evaluaron el curso de los síntomas de Estrés postraumático de soldados en labores humanitarias en el conflicto bélico de Somalia. La muestra abarcó soldados de ambos géneros y de distintas etnias, como americanos, afroamericanos, asiáticos americanos y latinos o de habla hispana. Los autores encontraron que la exposición a zonas de guerra, y el significado de la misión son predictores de síntomas de estrés postraumático en los próximos 18 meses, después de retornar de la zona de guerra.

En la misma dirección de la temática abordada en el anterior estudio, otras iniciativas de investigación se han orientado al estudio de las características de la presencia de los criterios del trastorno de estrés postraumático en el contexto de las operaciones de despliegue militar en confrontaciones internacionales. Por ejemplo Benyamini y Solomon (2005), evaluaron la asociación entre reacciones de estrés de combate, trastorno de estrés postraumático, y estrés vital acumulado (entendido como experiencias negativas durante la vida) en soldados israelíes 20 años después de la guerra del Líbano, encontrando que las experiencias negativas vitales, tienen una influencia muy débil sobre el reporte de calidad de vida, salud mental y física, lo que indica la capacidad abarcadora del estrés postraumático en la vida de las personas en comparación de otras fuentes de estrés. Por otra parte, Richardson, Frueh y Acierno (2010) realizaron una amplia revisión de la literatura del tema mencionado, con el objetivo de analizar críticamente las estimaciones de prevalencia del trastorno de estrés postraumático asociado al combate en personal militar y veterano. Estos autores obtuvieron un rango de porcentaje de prevalencia del trastorno de estrés postraumático en distintas confrontaciones bélicas en el mundo, mostrando así, que la prevalencia de este trastorno en soldados y veteranos norteamericanos de la guerra de Vietnam fue de 2 a 17%, en la guerra de Irak de 4 a 17%, y solo 3 a 6% en veterano de la guerra de Irak provenientes del Reino Unido. Para estos autores la prevalencia del trastorno tiende a ser menor en veteranos de guerra que no son provenientes de países occidentales y la variabilidad de las prevalencias a través de los conflictos se debe a las estrategias de muestreo en los diseños de investigación, las formas de medida y las experiencias de combate; las prevalencias del trastorno son influenciadas por las características de curso y de cronicidad del mismo y de la comorbilidad con otros trastornos así como también de factores socioculturales y políticos de la guerra en cada país. Se verifica que el Trastorno de Estrés Postraumático representa un factor de alto costo patológico para los veteranos y para la sociedad en general, en la medida que afecta y limita la salud mental y la calidad de vida de los veteranos de guerra.

Aparte del trastorno de estrés postraumático, son otros los temas de interés alrededor del tema de las operaciones de despliegue en combate desde la psicología militar. Por ejemplo Adler et. al (2005) indagaron sobre la percepción de bienestar de soldados de acuerdo al género; para esto fueron encuestados 2114 hombres y 1225 mujeres sobre síntomas de estrés postraumático y depresión, se encontró que la participación en operaciones de despliegue más largas y/o las primeras operaciones en su historia de vida se relacionan con puntajes más altos en los cuestionarios sobre sintomatología. También se han realizado indagaciones de problemas de salud mental asociados a la exposición a las operaciones de despliegue, al respecto Browne et. al (2007) en un estudio con reservistas del Reino Unido que participaron en la guerra de Irak del 2003 encontraron que los reservistas reportaron exposiciones prolongadas a sucesos y experiencias traumáticas, baja cohesión de unidad, dificultades en la adaptación al regresar al hogar y baja satisfacción con su pareja.

Otro tipo de estudios en el área clínica es el realizado con militares no activos y se desarrollan alrededor de constructos como la depresión y su asociación con las variables historial de servicio militar y satisfacción de vida. Por ejemplo Britton, Ouimette y Bossarte (2012) realizaron un estudio con 57,905 participantes en el que indagaron el nivel de satisfacción de vida en relación a tener o no un historial de servicio militar en el ejército estadounidense; los autores encontraron que los hombres sin síntomas de depresión que prestaron algún tipo de servicio militar reportaron más satisfacción con la vida, no solo por los beneficios de atención posteriores a las épocas de combate, sino por el simple hecho de combatir por su país. Por otro lado, los hombres con depresión, tuvieron menos probabilidad de informar sobre una alta satisfacción con la vida, incluso con historial de servicio militar; lo que hizo pensar a los autores que la depresión mitiga los efectos positivos del alistamiento militar. Tales descubrimientos, confirman los efectos de experiencias relacionadas con la guerra en el estado de ánimo y en las evaluaciones cognitivas de las mismas; los resultados de este estudio van en el mismo sentido que los de Schaubroecky y colaboradores (2011) y Bartone (1999) ya que estos estudios apuntan a que las personas con baja resiliencia y resistencia, que son estados compatibles con aquellos de sintomatología depresiva, tienen muy poca probabilidad de beneficiarse de experiencias críticas y traumáticas propias de la guerra; simplemente porque hay una tendencia a evaluar negativamente las situaciones. Dentro de los estudios actuales con veteranos se encuentran también los de Renshaw y Kiddie (2012) quienes han trabajado el tema de la ira y agresión verbal y física en veteranos miembros de la reserva que participaron en la Operación Libertad Iraquí. Renshaw y Kiddie (2012) también han adelantado estudios sobre el trastorno de estrés postraumático (TEPT) en 143 veteranos, centrándose especialmente en los aspectos de re-experimentación e hiperactivación y su relación con el afrontamiento desadaptativo o adaptativo. Vale la pena citar en este apartado, algunas investigación es en el contexto suramericano, por ejemplo el trabajo con 60 veteranos de la guerra de las Malvinas de Enrique (2004) quien encontró que la falta de atención psicológica posconflicto en los veteranos de guerra derivó en estilos atribucionales desadaptativos por lo que estos individuos tienden a culparse a sí mismos por todos los acontecimientos negativos que experimentan, así como en mayores niveles de neuroticismo y en niveles bajos de extroversión. También se encuentran los trabajos de Azzollini, Paly y Lollic (2012) quienes en un estudio de corte cualitativo con 32 veteranos de la misma guerra hallaron que en sus discursos las categorías más sobresalientes en los excombatientes eran vividez del recuerdo y una negación a relatar, así como una notoria disfunción en su memoria autobiográfica apoyada en recuerdos traumáticos con altas características perceptuales, y emocionales.

Otra de las corrientes importantes del área clínica en el ámbito militar se relaciona con acciones terapéuticas o de apoyo, especialmente a las familias de los militares. Por ejemplo los trabajos de Esposito-Smythers y colaboradores (2011), quienes realizaron una revisión teórica y de tratamientos basados en la evidencia para el manejo de estresores específicos de las esposas e hijos de personal que se ha sometido a periodos de despliegue militar, encontrando que el funcionamiento de los militares es influenciado por las dificultades en su familia; además las esposas de los militares presentan algunos riesgos específicos ya que debe empoderarse de la disciplina del hogar, hacer frente a las dificultades de los hijos, ocuparse de asuntos financieros del hogar, y afrontar las tensiones y preocupaciones de tener a esposo en una situación eventualmente peligrosa; las esposas de militares en despliegue informaron sobre sentimientos de soledad, preocupación, tristeza, ansiedad, rabia, dolores de cabeza, problemas alimenticios, insomnio, nerviosismo, dificultades de concentración y trastornos de somatización. En la evidencia revisada por los autores, también se identifica un grupo de población en riesgo de presentar problemas emocionales y conductuales, y son los adolescentes mayores hijos de militares en despliegue; ya que en ellos puede radicar el cuidado de sus hermanos menores, responsabilidades del hogar y asumir sus responsabilidades académicas normales. (Esposito-Smythers et al., 2011).

Por último, en esta sección resulta interesante mencionar los estudios realizados en Colombia, tanto con oficiales del ejército como con veteranos, debido al conflicto interno con diversos actores armados (guerrilla, paramilitares) que ha sufrido este país durante alrededor de 50 años. Las investigaciones han surgido en su mayoría de tesis de grado y algunos artículos en revistas indexadas y han girado en especial alrededor del estrés postraumático causado por la gran cantidad de situaciones complejas a las que se han enfrentado los militares colombianos (tomas guerrilleras, secuestros, carro bombas, ataques por sorpresa, etc,) que han hecho que muchos de ellos experimenten situaciones de altos niveles de estrés y desarrollen traumas; en particular se encuentran los trabajos sobre estrés postraumático en 8 policías (Vallejo, 2011), en 55 militares (Martínez, Salinas, Murillo, Colmenares & Castiblanco 2010) y en 42 soldados heridos en combate (Corzo & Bohórquez 2009). También es interesante señalar los estudios sobre salud mental en 496 oficiales de las fuerzas aéreas (González, Sanabria & Zuluaga 2010) y sobre las implicaciones psicológicas del conflicto armado: Cortés, Torres López, Pérez y Pineda (2016), Jiménez (2009) y Parra (2008). En este sentido es importante que se generen más estudios dado el escenario de posconflicto que está próximo a venir en Colombia y en donde la psicología tendrá un papel relevante a la hora de estudiar a militares, reinsertados y a la población civil quienes fueron protagonistas de un conflicto civil tan prolongado, como señala Jiménez (2009) los futuros estudios, especialmente en el personal ex combatiente, permitirán comprobar el impacto que tiene la violencia política, en la salud mental.

Selección de personal

Área de selección de personal

Uno de los procesos más estudiados dentro de la psicología militar es el de la selección de personal. De acuerdo a Rumsey (2012) y Gailbreath, Wagner, Moffett III y Hein (1997) este proceso es especial debido a varias características entre las que se encuentran: las exigencias inherentes de las instituciones militares, la gran cantidad de personas que se enlistan anualmente y la preferencia de conductas específicas homogéneas a la hora de la selección de militares y oficiales.

Con base en los procesos de selección y clasificación de personal militar se han adelantado numerosos estudios relacionadas con capacidades y actitudes de liderazgo y de personalidad; de hecho la personalidad ha sido tomada como base para la construcción de instrumentos de evaluación como herramienta fundamental en el proceso de selección: Stark, et al. (2014), Congard, Antoine, y Gilles (2012), Picano y Roland (2012) y Devries y Wijnans (2013). De esta forma, la personalidad se ha asociado con la validación de instrumentos y verificación de sus propiedades psicométricas en diversas poblaciones militares así como también con pruebas para detección, rastreo y tamizaje de trastornos mentales dentro de población militar (Niebuhr, et al. 2013) y en estudios de distorsión de respuestas en la evaluación psicológica en diversos contextos militares (Thunholm, 2001 y Stark, et al. 2014). Las poblaciones militares que han estado asociadas al estudio de aspectos de la personalidad han sido: aviadores, miembros de la marina, líderes de altos mandos, líderes de pequeñas unidades, veteranos de guerra, novatos, cadetes, cadetes militares, militares en entrenamiento, personal desplegado en operaciones militares en tiempos de guerra y militares en entrenamiento en tiempos pacíficos.

En términos metodológicos los estudios de personalidad en contextos militares, usualmente se han enfocado hacia la asociación de variables y la correlación. Por ejemplo, Sandal, et al. (1998) indagan sobre la relación de la personalidad con la activación del sistema nervioso autónomo en situaciones estresantes, en una muestra de 79 militares noruegos, o la asociación de diversos rasgos de la personalidad del Modelo de los Cinco Factores con el liderazgo militar (McCormack & Mellor, 2002, Bartone, Snook, & Tremble, 2002).

También se encuentran estudios que han orientado sus esfuerzos para la delimitación de perfiles de personalidad en diversas poblaciones de personal militar; Lewis (2006), por ejemplo exploró 75 perfiles de personalidad de pilotos de la fuerza aérea estadounidense basado en el modelo de los cinco grandes rasgos de personalidad, encontrando perfiles caracterizados por puntuaciones promedio en las escalas de Extraversión, Amabilidad y Responsabilidad; en este mismo sentido Castro Solano y Casullo (2005), relacionaron estilos de personalidad, de afrontamiento y factores de inteligencia como predictores de éxito académico en una muestra de 137 cadetes en Argentina; encontrando que los individuos que tuvieron una trayectoria académica exitosa se diferenciaban por tener estrategias de afrontamiento dirigidas a resolver problemas, una mayor capacidad de pensamiento abstracto y un estilo de personalidad dependiente y poco conformista.

Por otra parte, de la corriente de estudios revisados sobre psicología militar se encuentra que hay un tema alrededor del cual se han organizado muchos esfuerzos de investigación representando toda una corriente de evidencia científica en el contexto militar; es el caso del liderazgo (Allen et al. 2014; Biernatt, Crandall, Campbell, 2012; Fallesen, Keller-Glaze & Curnow, 2011; Larsson, 2012; McCormack & Mellor, 2002; Tucker & Gunther, 2009; Young, Kobrynowicz, & Halpin, 1998). Este constructo es el punto de convergencia de varias corrientes de investigación desde la psicología, como muestra la mezcla de variables entre liderazgo y teorías cognitivas (Bartone, Snook, & Tremble, 2002) y estudios de estereotipos y personalidad (McCormack & Mellor, 2002, Bartone, Snook, & Tremble, 2002).

Dentro de la conceptualización del liderazgo en la investigación en el contexto militar se encuentran dos corrientes destacadas; una es el enfoque de trabajo analítico, que se centra en las destrezas y habilidades requeridas para liderar individuos y organizaciones; la otra es el enfoque basado en competencias, el cual estudia los planes estratégicos y metas de la organización, con el fin de identificar las competencias requeridas para implementar estrategias y alcanzar dichas metas.

La medición del liderazgo presenta una dificultad derivada de la falta de acuerdo en su definición, sobre todo porque el constructo es complejo y difícil de evaluar. Los estudios de medición han evolucionado de la simple evaluación de competencias interpersonales, y muchos de ellos, se enfocan en evaluar las consecuencias asociadas al proceso de liderazgo. A este respecto Fallesen, Keller-Glaze, y Curnow (2011) encontraron dos corrientes en la medición del liderazgo: medidas predictivas de liderazgo y medidas de ejecución de liderazgo. En cuanto a las medidas predictivas; paradójicamente se encontró que no pronostican dimensiones específicas del liderazgo, aunque si dimensiones generales de la ejecución de los militares; por ejemplo, medidas de habilidad general, personalidad y datos biográficos como es el caso de Allen, et al. (2014) y Biernatt, Crandall, Young, Kobrynowicz y Halpin (1998). En los dos estilos de medida propuestos por Fallesen, Keller-Glaze, y Curnow (2011) se encuentra un factor común, y es la cultura de la resistencia a la evaluación y medición por parte de los militares, especialmente entre oficiales, y en general en el ejército, lo que ha dificultado la investigación en estos contextos; tal resistencia, tal vez se deba a una creencia de ejecución y desempeño perfecto sin defectos en cada tarea o misión lo cual lleva a Fallesen, Keller-Glaze, y Curnow (2011) a afirmar que la medición del concepto de liderazgo en contextos militares está en sus primeros estadios..

Tucker y Gunther (2009), abordaron el liderazgo en pequeñas unidades de la armada estadounidense en una muestra de 64 militares activo y retirado, desde el estudio del concepto de la adaptabilidad en situaciones indeterminadas y ambiguas, propias de situaciones en periodos de guerra y misiones de combate. Los autores hicieron la exploración del concepto de adaptabilidad en líderes junior, teniendo en cuenta que este concepto es una de las dimensiones más indispensables en líderes y roles de alto rango dentro los contextos militares. En la construcción de su marco conceptual, encontraron que el tema de la adaptabilidad ha merecido un aumento de la atención en la investigación del rendimiento y desempeño laboral, ya que el éxito y el alcance de metas depende la flexibilidad y la capacidad de ajuste a situaciones de incertidumbre y de competitividad (Tucker & Gunther, 2009). Esto demuestra que muchos de los líderes jóvenes de pequeñas unidades de combate, han improvisado soluciones a problemas no anticipados, ejecutan acciones de combate para las cuales no han sido entrenados, planean operaciones que van más allá de los parámetros de la armada y se desempeñan en funciones y deberes adicionales que van más allá de su especialidad. Este tipo de conductas con las que se da respuestas efectivas a situaciones alteradas, es lo que se define como adaptabilidad; concepto que ha encontrado evidencia empírica para su explicación por medio de modelos y teorías (Tucker & Gunther, 2009).

El estudio de este constructo toma relevancia, en la medida que las expresiones de este concepto tienen vital importancia en el contexto militar; toda vez que se asocian con la orientación al logro de metas, el mantenimiento de metas y misiones de combate, entrenamiento, administración de armamento, mejoras de las funciones de combate, y responsabilidades de personal en contextos complejos y peligrosos (Fallesen, Keller-Glaze, & Curnow, 2011). De esta forma se han identificado corrientes teóricas que asumen que las actitudes de liderazgo pueden ser aprendidas y adquiridas, así como también otras, en las que se da prevalencia a las características individuales en el liderazgo, específicamente aquellas teorías basadas en el rasgo. Es importante resaltar el trabajo de autores argentinos sobre este tema, en especial los estudios de liderazgo en general con 110 cadetes de infantería de Beramendi, Muratori y Zubieta (2015), de liderazgo femenino en combate de Zubieta, Mariel, Muratori y Torres (2014) y los de Castro Solano quien ha estudiado el tema en 137 cadetes (2005) y entre población civil y militar (2007).

Por otro lado Rumsey y Arabian (2014), Niebuhr, et al. (2013) y Hoofman y Chappelle (2013) ofrecen otra perspectiva en relación al uso de instrumentos de selección de personal en el ámbito militar. Estos autores señalan que desde los ARMY alpha y beta se ha evolucionado en el desarrollo de pruebas de corte cognitivo y no-cognitivo, que evalúan aptitudes vocacionales e intereses para efectos de mejoras en los procesos de selección y clasificación del personal militar. Esto debido a que la investigación en selección y clasificación militar estuvo limitada a un paradigma que se enfoca en pruebas cognitivas que predecían la formación y la ejecución a través de medidas de habilidad cognitiva general o a través de conocimientos relacionados a ciertos grupos de trabajo o a estatus educacional. Hacia los años 80 el paradigma cambió, el espectro se expandió para incluir la personalidad, los intereses, las habilidades espaciales y las habilidades psicomotrices. Stark, et al. (2014) señalan por ejemplo el desarrollo de tres pruebas de personalidad por parte de las fuerzas armadas de los Estados Unidos para apoyar la selección y la clasificación de personal militar: Assessment of Individual Motivation, The Navy Computerized Adaptative Personality Scales, y el Tailored Adaptative Personality Assessment System (TAPAS). Dichos instrumentos representan esfuerzos destacados para mitigar el falseamiento y otras formas de distorsión en las respuestas en la medición de la personalidad. Estos instrumentos, también muestran avances significativos en los formatos de respuesta, que pasan de ser tipo Likert de elección forzada o respuesta de selección estática a los de elección computarizada.

Formación e investigación

Área de formación e investigación

Área de formación e investigación

Dentro del área de formación e investigación en el contexto militar se encuentran gran diversidad de temáticas, en el presente artículo nos centraremos en las relacionadas con acoso laboral, estudios de estereotipos de género y raza y resiliencia

En lo relacionado con acoso laboral, Otzvik y Rudmin (2001) han explorado las prácticas de acoso laboral en militares noruegos de diversos rangos; encontrando que hay un vacío en el conocimiento de la psicología con respecto al acoso laboral en ámbitos militares, teniendo en cuenta que en este contexto es una problemática preocupante, ya que implica un altísimo riesgo, pues los protagonistas del acoso laboral; víctimas y agresores están entrenados para la violencia, tienen acceso a armas y se desenvuelven en situaciones estresantes y traumáticas en zonas de guerra que les implica responsabilidad sobre sus compañeros de unidad. Los autores advierten en sus resultados quela mayoría de militares que han sufrido acoso laboral en su servicio en el ejército, no sufrieron acoso laboral antes en su vida, lo cual controvierte las corrientes teóricas del Bullying, que sugieren estilos de personalidad, como predisponentes del acoso y el acoso laboral para diversos contextos; encontraron además las siguientes descripciones de conductas hostigadoras en el contexto militar: abuso verbal y psicológico, difamación, formas de violencia física, daño a la propiedad, acoso psicológico y bromas pesadas. Con respecto del Bullying en las fuerzas armadas es interesante también el estudio de Kirke (2007) con militares Británicos ya que por un lado caracteriza el termino en el contexto particular de los escenarios militares y por otro pone de manifiesto que el Bullyng puede tener connotaciones positivas en el contexto militar en especial cuando se usa la estructura de autoridad para fines institucionales positivos. Vale la pena mencionar que el estudio de Otzvik y Rudmin (2001) tuvo gran alcance y sirvió para la formulación de políticas y programas de prevención de acoso laboral, enfocados a la sensibilización y en el fortalecimiento de las redes de apoyo social y familiar.

En cuanto a estudios de estereotipos de género y raza se destaca el de Biernatt, et al. (1998), quienes se ocuparon de las creencias culturales dominantes que afirman que la habilidad de las mujeres en contextos militares, es menor que la de los hombres. En su estudio, estos autores buscaron determinar la influencia de estereotipos raciales y de género en los juicios y creencias de capitanes acerca de sus competencias de liderazgo y las de los otros en los entornos de la armada de los Estados Unidos. Los autores encontraron datos suficientes para soportar la evidencia de estándares de desplazamiento según el modelo, en evaluaciones y juicio de competencias de liderazgo basado en el sexo y en el género; hallaron también un patrón de desplazamiento en categorías de estereotipo, en el que los hombres fueron juzgados como mejores líderes en comparación con las mujeres. De esta forma los parámetros de juicio en los estereotipos fueron más confiables para criterios objetivos de clasificación que para los criterios subjetivos de calificación en un atributo específico (Biernatt, et al. 1998).A pesar de esto se puede afirmar que la participación de las mujeres en el ejército ha aumentado en el curso de las últimas décadas, señalan Jiang, Sun, Yang, Tang, Wu, Miao y Zhu (2013) que en los países Occidentales la proporción de mujeres oficiales activas en el ejército ha aumentado gradualmente y también hay una variación en los roles que desempeñan dentro del contexto militar. Sin embargo, y tal como plantean Young y Nauta (2013), a pesar que las actitudes hacia las mujeres han evolucionado en general, algunas personas (en especial dentro del mismo contexto militar) continúan sosteniendo actitudes negativas con respecto a su implicación en escenarios militares y más en operaciones de combate. Al respecto Jiang et al (2013) afirman que en Occidente, y en especial en Estados Unidos, las mujeres han sido hasta hace poco incorporadas a operaciones peligrosas en la línea de fuego, sin embargo en ocasiones hay menos igualdad de oportunidades para las mujeres lo que redunda en menos satisfacción laboral, ya que comúnmente reportan ansiedad y depresión; esta afirmación se corrobora en los estudios de Moreno (2013) con mujeres en el ejército venezolano y en Lucero (2009) con mujeres en el ejército argentino.

El aumento en la participación de las mujeres en el contexto militar ha generado la necesidad de desarrollar más investigaciones al respecto, como señalan Jiang et al (2013) la gran mayoría de estudios en el contexto militar generalmente se han hecho con hombres .Dentro de los factores que se han investigado con mujeres militares está el acoso sexual, la discriminación, la calidad de vida, las diferencias a la hora de entrenar, entre otros. En el tema de acoso sexual, por ejemplo, Sims, Drasgow, y Fitzgerald (2005) y Rosen y Martin (1998) plantean que las mujeres que son acosadas manifiestan dicho acoso a través de un estado de ánimo negativo y suelen abandonar su trabajo para escapar a la situación, mientras que las mujeres que permanecen se ven eventualmente afectadas en su satisfacción laboral. De acuerdo con Sims, Drasgow, y Fitzgerald (2005) el acoso no es exclusivo en mujeres pero si es a ellas en la mayoría de casos, en un estudio con una muestra compuesta por 305 mujeres de la armada encontraron que el 81 % de las mujeres en la armada han experimentado algún tipo de acoso sexual. El estrés, la depresión y la ansiedad son otros temas que se ha investigado con mujeres militares. De acuerdo a Adler, Reed, Huffman, Bliese y Castro (2005) basándose en un estudio con 2114 hombres y 1225 mujeres soldados de Estados Unidos, las mujeres son más vulnerables para la ansiedad, presentan respuestas emocionales negativas, manejan estilos de afrontamiento emocionales y presentan una baja autoeficacia. Señalan Adler, Reed, Huffman, Bliese y Castro (2005) que en operaciones de despliegue cortas, las mujeres presentaban una depresión más alta mientras que en despliegues largos la depresión en las mujeres era más baja; a diferencia de los hombres, las mujeres tienden a buscar apoyo en su sistema social cuando atraviesan por experiencias estresantes, y es más probable que se beneficien de salir del estrés. Sin embargo al ser las mujeres más sensibles a estresores sociales caen en problemas interpersonales, y son menos cooperativas entre su propio género. Jiang y colaboradores (2013) investigaron en China a 470 mujeres oficiales que estuvieron de 3 a 10 meses en un programa de entrenamiento intensivo, los resultados indican que en general las mujeres tienen altos niveles de ansiedad y baja autoeficacia percibida en comparación con los hombres, al igual que en Occidente las mujeres oficiales chinas muestran una mayor ansiedad situacional y estilos de afrontamiento negativos emocionales.

Otro de los temas que se han abordado desde formación e investigación en psicología militar es el concepto de Resiliencia, el cual integra lo que es la vivencia de las personas ante eventos estresantes, desestabilizadores y traumáticos y su reacción de resistencia ante estos. De acuerdo con García (2012), lo común en las definiciones de Resiliencia es “la capacidad del individuo de, no solo superar un acontecimiento traumático sino, además, salir fortalecido de él” (pag. 785). Las definiciones y las expresiones de la Resiliencia toman especial relevancia en contextos militares, ya que se ha considerado que las labores de las fuerzas armadas conllevan más riesgos físicos y psicológicos que otros tipos de empleo. Lo que se expresa en mayor riesgo de desarrollar psicopatología como el trastorno de estrés postraumático, depresión y trastornos de ansiedad, sobre todo en aquellos soldados que participan o han participado en operaciones de despliegue militar, causando tasas de bajas significativas en varios de los ejércitos del mundo, García (2012). Los factores asociados a la Resiliencia son inherentes a las definiciones de salud mental en diversos áreas de funcionamiento de las personas; por lo que la connotación en el contexto militar se dirige a la implementación de programas de fortalecimiento en Resiliencia como labores de promoción y prevención en salud mental (García, 2012; García 2013; García & Bardera 2013). De esta forma, autoras como García y Bardera (2013), han establecido desde diversas investigaciones, que el estudio de la Resiliencia ha servido para la implementación de programas basados en la evidencia enfocados a promover la Resiliencia en distintos ejércitos en Estados Unidos y Europa. Se ha encontrado que los programas de Resiliencia basados en la evidencia se han centrado en intervenir en los militares y en sus familias, pero lo más importante es que varios de los programas se centran en la intervención de los llamados factores internos y externos de la Resiliencia, tales como: afecto y pensamiento positivo, estrategias de afrontamiento, control de comportamiento, fortaleza física, apoyo familiar, realismo, autoeficacia y cohesión grupal entre otros, García (2013).

Operativa

Área operativa

La psicología operativa es un área de aplicación de la psicología militar, en donde el profesional representa un apoyo y toma acciones a seguir en la preparación y desarrollo de operaciones militares de combate, Staal y Stephenson (2006); otras definición la brinda Truhon (2011) para quien la psicología operativa corresponde a la aplicación de los conocimientos de la psicología en las decisiones de comandantes y personas de altos mandos en el ejército. A este respecto Williams (2013), afirma que el psicólogo operativo debe construir su conocimiento en relación y constante intercambio con otras especialidades de la psicología, como son la “social, transcultural, percepción, personalidad, psicología policial, forense y del aprendizaje” (pp. 62). A su vez, el mismo autor propone que el quehacer del psicólogo operativo debe ser de carácter interdisciplinario con áreas como la antropología, la legislación internacional, la ciencia militar, la ciencia política y la sociología.

Kennedy y Williams (Citados en Truhon, 2011) y Williams (2013), están de acuerdo en afirmar que el psicólogo operativo se desempeña en los siguientes grupos de actividades del contexto militar: apoyo en actividades de seguridad nacional, inteligencia militar y programas para la aplicación y ejecución de la ley. Dentro de su aporte en las actividades de seguridad nacional, el psicólogo operativo proporciona conocimiento para un mejor entendimiento de las dinámicas psicológicas implicadas (atributos, características de personalidad, intención y motivaciones) en las personas que realizan o buscar realizar actos de terrorismo. También pueden contribuir a las investigaciones y las operaciones de contraterrorismo y contrainteligencia, operaciones de inteligencia nacional enfocadas a asistir y asesorar a líderes políticos o militares para la comprensión de las amenazas nacionales o internacionales; así como también, tienen un importante papel en la evaluación de amenazas internas para implementar identificación de ámbitos de alto riesgo en poblaciones o individuos que podrían constituir una amenaza interna. Dentro de su aporte a las operaciones de inteligencia militar, el psicólogo operativo determina si alguien está en la capacidad de manejar y tener acceso a información clasificada; también se considera destacable el papel del psicólogo en investigaciones de contrainteligencia y contraespionaje, programas de evaluación y selección de individuos que se puedan desempeñar en misiones de alto riesgo y apoyo, capacitación y mejoras en el desarrollo de interrogatorios y técnicas de recolección de información desde las fuerzas militares (Williams, 2013). Autores como Kennedy y Williams (2011), especifican que el grado de implicación del psicólogo en las operaciones de tipo militar es alto, al punto que en ocasiones está presente en tiempo de combate; lo que necesariamente trae implicaciones éticas para la práctica del profesional en psicología.

Al hablar de investigaciones en contextos operativos se puede nombrar como ejemplo la de Holowka y colabordores (2012), quienes exploraron la asociación de variables de personalidad, la exposición al combate y el presenciar o participar en atrocidades de guerra en el contexto de las intervenciones militares en Vietnam, un estudio con 1104 veteranos. Los autores encontraron que en la participación en atrocidades se relacionan rasgos de personalidad caracterizados por la agresión y el neuroticismo; la personalidad y la exposición a fuertes combates, no solo son considerados factores de riesgo de enfermedad física y mental, sino que también aumentan la probabilidad que los militares participen en la comisión de atrocidades y crímenes de lesa humanidad. En este sentido, Morey, et al. (2011), examinaron perfiles de inventarios de personalidad en personal desplegado en operaciones militares en Irak, comparados con adultos de la comunidad sin historial de servicio militar; estos estudios tienen importantes implicaciones para el desarrollo de programas de intervención en los procesos de adaptación de la población militar en el post-despliegue.

Conclusión

Conclusión

A lo largo del artículo se ha establecido que es psicología militar y se ha hecho un recorrido por diversas investigaciones psicológicas contemporáneas en el ámbito militar. Como se ha mostrado, existen numerosos aportes a la psicología que se han hecho a partir de estas investigaciones, si bien una gran parte de investigaciones en psicología militar se llevan a cabo en Estados Unidos, es importante tener en cuenta los aportes de las investigaciones a nivel iberoamericano en donde España se destaca debido al significativo número de estudios y la gran variedad de temas producidos, al respecto se recomienda para consulta el libro de Donoso (2012) “Psicología en las Fuerzas Armadas” ya que es un documento de gran interés que muestra una gran diversidad de estudios en evaluación y diagnóstico psicológico, asistencia psicológica, psicoterapia, prevención de consumo de drogas, trastorno de estrés postraumático, enseñanza, educación, liderazgo, resiliencia, negociación e incluso aspectos epistemológicos de la psicología militar.

De la presente revisión se encontró que muy buena parte de las investigaciones psicológicas en el contexto militar son de corte cuantitativo, sin obviar algunos que abordan desde lo cualitativo. Por lo general, los diseños metodológicos de los estudios están enfocados para realizar mediciones estandarizadas y objetivas con referencia de estadísticas de grandes muestras de población de militares, soldados, cadetes, reservistas y veteranos de guerra. En varios de los estudios los resultados no hacen más que abrir nuevos interrogantes, que proporcionarían los nuevos focos de investigación en este contexto. Por ejemplo, el abordaje de la problemática del estrés postraumático con referencia a diferencias individuales entre hombres y mujeres, el curso y cronicidad de los efectos de exposición a contextos de guerra en los soldados y sus familias. La interacción de aspectos psicológicos contextuales de las personas con la vivencia de experiencias y sucesos traumáticos vividos en la confrontación bélica.

Por la situación de conflicto y derechos humanos relacionados con enfrentamientos sociopolíticos y religiosos, que desembocan en consecuencias guerreristas en varias regiones del mundo como lo es Suramérica, medio oriente, África, el surgimiento de fundamentalismos cada vez más radicales que están extendiéndose hacia latitudes no incluidas como territorios de guerra en la actualidad; se hace imprescindible la investigación y el establecimiento teórico y conceptual derivado de la ciencia, para una mejor resolución de problemas en la vida humana en muchas modalidades. Lo cual, reserva un papel inevitable para la psicología y la profundización en la psicología militar. A su vez, las iniciativas de acuerdos que pongan fin a la guerra socio-política, como es el caso de la actualidad colombiana (Estado y Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC), demandan un reto y un desafío que no solo está dirigido a los psicólogos militares, sociales y jurídicos. Los escenarios de post-conflicto y post-acuerdo, plantean una modificación en aplicación de la justicia y el reconocimiento de los derechos de la víctima (Justicia transicional-Justicia restaurativa), que influye significativamente en las fuerzas militares y en las decisiones de sus altas directivas; este ambiente exige de la psicología una posición de dialogo inter, trans y multidisciplinario. No solo se plantea el dialogo entre distintas áreas de la psicología como lo es la psicología militar, nutriéndose, de la psicología clínica, organizacional, social, comunitaria, jurídico forense; sino también que se dé un dialogo con otras disciplina de las ciencias sociales y humanas que proporcionen un acercamiento más integral y complementario de la problemática del conflicto humano expresado en la guerra, y que no solo la cuestione sino, también que se asegure un campo de acción en las iniciativas de defensa militar de un país. A este respecto, son muy importantes los aportes de las subespecialidades de la psicología militar correspondientes a la Psicología Operativa, resiliencia y despliegue militar. La resiliencia, la adaptación y el ajuste son otros de los grandes temas de investigación en el contexto militar de la psicología, ya que se hace necesario optimizar y mejorar políticas públicas de acompañamiento que mitiguen la vivencia de sucesos y experiencias traumáticas, y no representen un problema de salud pública relacionado con la salud mental, así como los de otra índole. Y es imprescindible mencionar, el rol de la psicología militar en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y los focos pequeños y medianos de grupos armados al margen de la ley, que requieren más que un abordaje desde las autoridades de policía civil, necesitan de una intervención de fuerzas militares, por la diversificación y sofisticación de los nuevos grupos de delincuentes. Caso especial para Colombia, quien muestra avances en formación, de personal de la fuerza pública y militar y en inteligencia y ataque; sin embargo, se necesitan mayores iniciativas de investigación desde el conocimiento psicológico en este contexto.

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